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Noticias -> El mayor "Mecachina" de Europa está en España.
Noticia publicada el día 11 del 12 de 2006

Las enormes letras doradas que cuelgan en lo alto del gran almacén rompen con el gris plomizo de los edificios que se apiñan en la zona industrial. Un inhóspito lugar, próximo a Madrid, dominado por la simbología asiática. En él, la palabra Mercachina reluce. Es el nombre de uno de los gigantescos centros atestados de comerciantes chinos cuya denominación lo dice todo. Repleto de diminutas tiendas en las que el comprador está obligado a adquirir un mínimo de 12 productos -la factura, si uno quiere, no pasa de 7,5 euros, un dinero por el que pueden adquirirse, por ejemplo, hasta una docena de vaqueros-, sus inquilinos no paran de hacer caja. La inminente llegada de las Navidades ha disparado con creces sus ventas. Lo mismo que en el resto de las 275 empresas chinas de distribución comercial colindantes que se agolpan, desordenadamente, en el conocido polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada (197.000 habitantes), a escasos 20 kilómetros de la capital.

Allí se ha erigido el mayor recinto comercial asiático de Europa, centro de operaciones de las mercancías procedentes de la República China, convertida en el gran cliente de Occidente.

Las buenas perspectivas para la campaña navideña se reflejan en el ajetreo de cualquiera de sus naves, donde la actividad de carga y descarga llega a confundirse por la maraña de vehículos estacionados en las calles. Son dos millones de metros cuadrados saciados de productos con los que abastecer las ansias consumistas de los europeos y, sobre todo, de los españoles. Es aquí, precisamente, donde el consumo se deja sentir más en la marcha de la economía, cuyo patrón responde aún al vigor del ladrillo y de la fiebre compradora.

Los expertos calculan que esta variable se dispare un 3,6% en 2006 -tendrá el mismo comportamiento que el Producto Interior Bruto (PIB)- para bajar, ligeramente, al 3,1% en 2007. Porcentajes que se traducen a cifras más manejables: cada hogar español destinará una media de 900 euros durante las próximas fiestas, un 6% más que en 2005, según la consultora Deloitte. De esa cantidad, 523 irán a parar a regalos y, el resto, a comida y ocio. Teniendo en cuenta que en Navidad se efectúa el 20% de las compras del año, el castizo Chinatown se prepara para hacer su agosto en invierno.

Ming, una asiática que llegó a Madrid hace siete años, regenta una tienda de moda. Posee, en la región de Cantón, varias fábricas textiles que la surten de mercancía. Ésta llega semanalmente por avión. Una práctica que, en su opinión, «es cuatro veces más barata» que si hiciese la compra en España. Su almacén de venta al por mayor es especialista en prendas de fiesta. En él se pueden adquirir vestidos de novia a 19,5 euros la unidad. «Eso sí, quito las etiquetas 'made in china'. La clientela dice no gustar», asegura sin dejar de sonreír. Ming desvela que no hace pedidos a nadie -el NIF es la única identificación necesaria a la hora de materializar un encargo- por importe inferior a 500 euros, aunque da la posibilidad al cliente de incluir o no el IVA en la transacción. Pagos que sólo se efectúan al contado y que son una constante en todo el polígono, donde apenas se divisan sucursales bancarias. En una de ellas, que diariamente registra colas en horas punta, es fácil toparse con clientes chinos que abrazan cajas de cartón. «Es donde transportan el dinero que envían a su país», sostiene uno de los empleados de la oficina bancaria.

El constante ir y venir de camiones, furgonetas y repartidores entorpece el tráfico en las avenidas de Cobo Calleja, el destino favorito de toda clase de ventas -textil, zapatería, perfumería y cosmética, juguetería, artículos de fiesta, informática-.

El ambiente apabulla al visitante, sorprendido del espíritu emprendendor de los asiáticos, llegados a España con la obsesión de establecer un negocio. De los 85.700 chinos que hay en el país -repartidos entre Madrid y Barcelona, sobre todo-, más de 10.000 trabajan en el polígono madrileño -legalmente hay contratados 3.157-. Construido en los años 70, al margen de la normativa urbanística, encierra un fenómeno que pretende extenderse a Barcelona y Valencia, los dos puertos a los que también llega la manufactura china.

Los empresarios asiáticos se disputan las pocas naves que quedan en esta zona en manos de industriales españoles, lo que ha disparado los precios. Los empresarios chinos están dispuestos a pagar, también al contado, hasta 2.500 euros por metro cuadrado de los pocos locales disponibles. En el año 2000, el metro cuadrado estaba a 720 euros.

Otros han preferido mantener la propiedad del local y cobrar suculentas rentas por el arrendamiento. El alquiler por un establecimiento de unos 70 metros cuadrados ronda los 3.500 euros al mes. E incluso se exigen traspasos por encima de los 100.000 euros.

«Llegan con ofertas irresitibles. A mí me han llegado a ofrecer dos millones de euros por mi almacén en efectivo», asegura el propietario de una nave del Cobo Calleja a punto de jubilarse.

En Madrid, la promotora GMR quiere levantar cuatro Chinatowns. «Sabemos que están en conversaciones con la Comunidad y la Alcaldía, pero a nosotros no nos han dicho nada», aseguran fuentes del consistorio de Fuenlabrada. La empresa, que no ha querido pronunciarse al respecto, no es bien vista por algunos sectores de la comunidad china, poco habladora y apenas conflictiva.

La fuerte actividad del polígono da verdaderos problemas al consistorio. Y no por la escasa limpieza viaria y el tráfico. Las ordenanzas municipales tienen tipificado el almacenamiento como uso compatible con la industria. Pero los locales no se emplean sólo para distribuir mercancías. «No distinguen esa actividad del uso comercial y, además, venden también al por menor. Se necesita más personal para controlar», reconocen en el Ayuntamiento.

«Ahora hay dos grupos de inversores chinos. Los consolidados, que suministran a las grandes superficies europeas, y los que no tienen capital suficiente y, por tanto, realizan prácticas ilegales», admiten en el consistorio, cuyos servicios de seguridad han detectado, en más de una ocasión, que en las entreplantas de los sótanos malviven empleados.

Son hechos que incitan a que los empresarios españoles achaquen la actividad comercial china a la piratería y al incumplimiento de la legislación, a pesar de que en esta localidad, los centros comerciales españoles han incrementado el volumen de sus pedidos. El gigante asiático exporta su ropa a un precio inferior al de Occidente -un 60%-, donde vende más de 20.000 millones de prendas al año. El transporte se hace en barco y, al llegar a puerto, la policía de Aduanas apenas puede comprobar uno de cada 1.000 contenedores. Precisamente, fuentes de la Policía consideran que Cobo Calleja «es el centro de la piratería de la UE». Los propios dependientes de las lonjas ofrecen, sin tapujos, a los minoristas cualquier imitación. En menos de una semana, aseguran, se comprometen a servir 300 o 400 prendas idénticas a las que se exponen en los escaparates de cualquier cadena de moda.

Como falsificaciones se pueden encontrar los artículos más insospechados. Precisamente ayer la Policía Nacional detuvo a cinco personas en Madrid, Valencia y Barcelona acusadas de importar réplicas de imágenes religiosas falsas desde China. Se intervinieron 9.298 figuras representantivas de San Pancracio, San Cristóbal y la Virgen del Carmen, valoradas en más de 158.000 euros, informa Efe.

Los comerciantes españoles también han denunciado irregularidades: en el Impuesto de Actividades Económicas -afecta a la Agencia Tributaria-, el empleo de mano de obra de menores, infracciones a la Seguridad Social y falta de licencias de apuertura.

«Estos comerciantes están disfrutando de nuestras infraestructuras, sanidad, educación, etc. Pero, sin embargo, el dinero que recaudan no repercute en el bien de nuestra economía, porque no pagan impuestos ni cotizan a la Seguridad Social» es una de las quejas del resto de los empresarios que trasciende de un estudio sobre bazares y tiendas de conveniencia no integradas elaborado por la consultora Quota Research para el ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

Los empresarios creen que si la comunidad china cumpliera con sus obligaciones fiscales no ofrecerían unos precios tan competitivos. «Aprovechan los espacios para esconder productos no declarados», dice el portavoz de uno de los colectivos empresariales, que denuncia la existencia de mafias que operan en el inmenso polígono que abre todos los días al público y que sólo echa el cierre por descanso el día de Navidad.

Se da la paradoja de que China es culpable del déficit exterior nacional. Un informe de la Caixa señala que las importaciones procedentes del país superan el 5% de las compras totales -8.769 millones de euros- en el exterior, y que las exportaciones son sólo un 1% -1.093 millones-.

El poderío chino en el sector del comercio español no se explicaría sin el control absoluto que han tomado de todos los eslabones de la cadena: desde la fabricación, pasando por la distribución mayorista hasta controlar el punto de venta. Así, pueden marcar unos precios notablemente más bajos a los que venden los empresarios españoles.

Muy lejos queda ya la década de los 80 cuando los asiáticos iniciaron su aventura empresarial en España con la apertura de restaurantes especializados. La hostelería se quedó pequeña para tanto inmigrante y buscaron su hueco en el sector de la venta minorista.

Reinventaron el negocio del bazar y popularizaron los 'todo a cien'. Poco a poco, se han ido haciendo hueco en otras actividades. Los comerciantes chinos se encuentran por doquier y ya no sorprende que un ultramarino de barrio, un comercio de ropa, una zapatería o una papelería estén regentados por un asiático.

Según revela el informe elaborado por Quota Research la proliferación de estos establecimientos se explica en «la facilidad con la que consiguen locales para establecer los negocios a través de las mafias».

La mayoría se abastecen de los productos que se comercializan en las naves que se ubican en polígonos como el Cobo Calleja, si es que no son propiedad de los mismos mayoristas.

Del barrio al polígono chino TOM BURNS MARAÑÓN

Si una gran metrópoli carece de un Chinatown algo no funciona. La presencia de asiáticos es la prueba inequívoca de una economía boyante y competitiva. Su ausencia significa un estancamiento, causado, casi seguro, por unas rígidas reglas de mercado que ahogan todo proyecto emprendedor. Los clásicos barrios chinos se encuentran en el centro de las grandes ciudades, donde se congregan restaurantes y pequeños comercios. La pequeña China que se alza en Fuenlabrada, al suroeste de Madrid, pertenece a otro orden y representa un salto cualitativo en la consolidación de un espacio económico abierto. Es un modelo que deja atrás el negocio del menú barato y la venta de noodles instantáneos. En Fuenlabrada se está estableciendo un auténtico polígono industrial made in China. Es una buena muestra de que la globalización ha echado raíces en la Comunidad de Madrid. El fenómeno de Fuenlabrada no debe sorprender. Es obvio que la Comunidad de Madrid funciona. En el ranking de crecimiento económico del año pasado, Madrid ocupó el tercer lugar entre las veinte grandes regiones europeas y se prevé que su PIB crezca un 4.2% este año, unas cuatro décimas por encima de la media nacional. Las cifras de los últimos tres años son muy llamativas: la población madrileña ha aumentado en casi 300.000 habitantes, se han generado en ese periodo 360.000 nuevos empleos y la renta per cápita de los madrileños ha aumentado en unos 6.000 euros. Enclavado en el centro de la península, dotado de grandes infraestructuras que agilizan la distribución y agraciado por políticas liberales, Madrid se ha convertido en el motor económico de España. ¿Dónde mejor se iban a instalar los chinos para dar salida a los contenedores llegados de Shanghai que se amontonan en el puerto de Valencia?

Fuente : El Mundo - Ver más noticias de esta fuente ( 15 ) - PDF

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